Suicidio por Dra. Cristina Jarque.

 

SUICIDIO.
“En medio del odio me pareció que había dentro de mí un amor invencible. En medio de las lágrimas me pareció que había dentro de mí una sonrisa invencible. En medio del caos me pareció que había dentro de mí una calma invencible.
Me di cuenta, a pesar de todo, que en medio del invierno había dentro de mí un verano invencible. Y eso me hace feliz. Porque no importa lo duro que el mundo empuje en mi contra, dentro de mí hay algo mejor empujando de vuelta”.
Albert Camus
Hay quien dice que un suicidio afecta íntimamente por lo menos a tres generaciones. En España el suicidio es la primera causa de muerte no natural. Las últimas estadísticas en España, hablan de 4000 suicidios por año. Camus decía que no hay más que un problema filosófico verdaderamente serio y ese es el suicidio. Nietzsche decía que la idea del suicidio nos ayuda a pasar bien más de una mala noche.
El psicoanálisis descubre que la tendencia suicida de los seres humanos está presente toda la vida. La mirada psicoanalítica se convierte en la posibilidad de poner palabras a uno de los temas más enigmáticos de la existencia humana.
Lacan sitúa esta tendencia en la fase de miseria original HILFLOSIGKEIT (que es el desamparo a nivel de la desolación radical) que va del trauma del nacimiento al trauma del destete y que perdura como una huella de un trauma primitivo esencialmente suicida. Podemos observar que en algunos casos, cuando el suicida sobrevive o cuando deja una carta que intenta explicar su acto, se logra que el mismo sujeto sea quien hable de esta experiencia que resulta siempre intransferible y difícil de explicar, incluso para el mismo suicida, mucho más para lo seres queridos que se quedan vivos llenos de incógnitas. Cuando el suicida no sobrevive y tampoco hay carta, el legado entre sus seres cercanos es de mayor confusión y enigma.
Se intenta transmitir algo de lo que llamamos “la mirada del suicida” y “la mirada de su entorno”, yendo de lo universal a lo particular. Hace poco la comunidad psicoanalítica se vio alterada por la noticia del suicidio de un colega.
El colega en cuestión dejó escrita una carta que en un principio parecía dirigida solamente a algunos amigos cercanos, yo entre ellos, pero después, por alguna “causalidad” se hizo pública y todo mundo tuvo acceso a ella. Es posible que esa carta haya tenido lugar de testimonio y haya podido arrojar luz a lo que llamamos “la mirada del suicida”. Lo que es un hecho, es que recibí varios mensajes privados de colegas amigos que me comentaban lo que habían sentido en relación al suicidio de esta persona que había marcado las vidas de muchos de nosotros. Hubo quienes me dijeron que sentían una aceptación al acto, había en sus palabras comprensión y amor, decían que había sido un acto de valentía.
Otros estaban perplejos, llenos de incertidumbre, dudas, cuestionamientos.
Decían lo opuesto, que había sido un acto de cobardía.
La clínica nos enseña que esto es lo que ocurre ante el acto del suicido: hay quienes están en pro y hay quienes están en contra. No obstante, es cierto que todos los sujetos se cuestionan en algún momento el sentido de sus vidas y en algunos casos se plantean la posibilidad de poner fin a su existencia.
A veces ocurre en la vejez que es una etapa donde se realiza un balance sobre la vida, el sujeto puede sentirse solo, desamparado y no encontrar sostén ni deseo de seguir viviendo. Otras veces ocurre en el inicio de la adolescencia cuando el sujeto tiene que asumir la responsabilidad de su subjetividad separándose de la familia. Muchos suicidios se dan en sujetos melancólicos. Freud escribe en “Duelo y melancolía” que el melancólico introyecta el objeto y esto trae como consecuencias tendencias sádicas que recaen sobre el yo y que pueden llevar al suicidio.
Lacan en la conferencia de Ginebra dice que muchos hijos no deseados suelen suicidarse y habla de que en la melancolía hay un deseo puro que tiene tendencias a la inmortalización y eso solo puede darse en la muerte. Por ello el suicidio melancólico es una certidumbre de goce.
Cuando alguien importante muere, el melancólico sabe a quién ha perdido pero no sabe lo que ha perdido. Eso que ha perdido es a sí mismo pues al desaparecer alguien cuya falta colmaba, quien desaparece es su propio ser y esto puede desencadenar el pasaje al acto. El pasaje al acto es una salida de escena, el acting-out en cambio es una manifestación dentro de la escena que se dirige al otro. En mi opinión, el psicoanálisis apunta a la vida. Un recorrido analítico puede ayudar a alguien a saber qué hacer con la vida.
Saber qué hacer para no suicidarse. El amor puede poner un freno a la acción de la pulsión de muerte mediante la construcción del fantasma posibilitando la vía del deseo.
 

 

Newsletter LaTE abril 2025.





















 

Quiero expresar mi gran agradecimiento, tanto a Ana María García (una de las trece poetas hispanohablantes actuales más reconocidas a nivel munidal) como a la comisión de escritoras del PEN internacional del Perú. Ayer he recibido un texto escrito por Ana María García que me ha conmovido y emocionado profundamente. Este texto lo vamos a publicar en la Newsletter de LaTE de abril, pero quiero compartirlo también aquí. Gracias de todo corazón 💓

 

Visita de Cristina Jarque en marzo a Lima.
Ana María García.
El viernes 21 de marzo a partir de las cinco de la tarde tuvo lugar un acontecimiento muy especial. La protagonista de este acontecimiento, que podríamos tildar, entre otros muchos adjetivos (todos superlativos, por cierto) fue Cristina Jarque. Cristina iba a hacernos un regalo exquisito. Ella vino desde Toledo, donde vive, para ofrecernos una de sus interpretaciones más valiosas del monólogo, por ella escrito, sobre la persona de Sissi Emperatriz. Como sabemos, ella ideó estos monólogos para ayudar (ayudar es su esencia) a que toda persona fuera capaz de aproximarse, de manera sencilla al mundo confuso y atrayente del inconsciente y, de alguna manera dispusiera su espíritu y su conciencia para descubrir, a través de estos personajes, algo de su propio psiquismo. Años atrás, Cristina nos había contagiado de ese entusiasmo que la caracteriza y nos habíamos atrevido a hacer también nuestros Monólogos contra la violencia, como ella los ha llamado. Aquí en el Perú tuvimos varias puestas en escena en diferentes escenarios y con mucho éxito. Luego, en tiempos de pandemia, ganamos una de las ayudas que ofreció el Ministerio de cultura. De eso han pasado algunos años y recibir a Cristina, después de tanto tiempo nos llenaba de ilusión. Algunas de las participantes de entonces, algunos de los espectadores, que nos habían visto antes y otras amistades nos reunimos, llenos de expectativas para verla nuevamente.
La interpretación de Cristina colmó y superó nuestras expectativas. Sus palabras y la forma de decirlas, con sus gestos y ademanes, el tono de su voz, los altos y los bajos, y el contenido de su monólogo nos movió la imaginación, a tal punto que nos permitió ver, como en una película, la historia de Sissi y aproximarnos a sus angustias y afanes constantes en su camino hacia su libertad. En el caluroso aplauso íbamos agradeciendo cómo una interpretación de tal calidad nos había tocado infinitamente.
En la sala se sentía un solo latido, una emoción general exaltación y entusiasmo, de gratitud y reconocimiento, de manera profunda y sencilla se nos había transmitido un don. Todos dejamos de lado cualquier sombra para hacerla luz y amor. Cómo si todos hubiéramos resucitado a la esperanza.
Gracias Cristina.

"Voz bastarda" por Dra. Cristina Jarque.

 

Voz Bastarda
Cristina Jarque
Su voz es bastarda, fuera de lugar, desbordante en su crudeza. Es una voz que no quiere ser escuchada, una voz que, a pesar de su fuerza, siempre ha querido ser silenciada. Es una voz que desafía, que grita las verdades que muchos prefieren negar o ignorar. No es una voz suave ni complaciente, tampoco se adapta a las normas impuestas y por ello, aquellos que la oyen se sienten incómodos, porque les recuerda algo que prefieren no enfrentar: la realidad que no encaja en sus mundos, esos mundos que ellos creen perfectos, ¡pobres necios!
Por esos necios, a lo largo de los años, esa voz, ha sido rechazada, desplazada. Le han cerrado puertas, le han dicho que no tiene cabida, la han cancelado.
¿Por qué? Se pregunta, ella.
¿Acaso su voz enuncia una verdad que resulta demasiado dolorosa para ser escuchada?
¿Es por eso que resulta insoportable? Pero es precisamente esa verdad lo que la define. Es una voz que habla de las injusticias que se ocultan, de las realidades incómodas que se prefieren ignorar. Habla de las heridas de la sociedad, de los ecos de violencia y de dolor que no se quieren ver, porque es importante decir, que hoy en día, vivimos en una sociedad que señala la violencia, ¡sí!, pero solamente desde un ángulo, desde lo que llaman “lo políticamente correcto”. No obstante, si se habla de la violencia desde otro ángulo, entonces esa voz es una bofetada, un golpe en la cara de quienes prefieren vivir en el confort de la ignorancia. Pero, como todas las voces que se han intentado silenciar a lo largo de la historia, la suya no se apaga tan fácilmente. Aunque la rechacen, aunque la excluyan, aunque la cancelen, sigue ahí, viva, resonando en las sombras, porque siempre hay alguien que quiere escuchar esa voz. Alguien que tiene la lucidez de ver y que no se asusta. La voz bastarda es la de un águila, que en su soledad, ha aprendido que el rechazo es solo una forma de violencia más, una forma de despojarla de su derecho a existir. Pero esa violencia nunca ha sido suficiente para callarla. La voz bastarda no pide permiso. No está hecha para ser aceptada, está hecha para ser rechazada, cancelada, marginada y excluida. Pero también está hecha para ser una llamada, un grito en la oscuridad, un eco que resuena en los rincones donde la verdad se esconde. En su desobediencia, hay un poder indomable, una resistencia que no necesita ser validada por aquellos que prefieren callarla. Porque, al final, la verdad, aunque incómoda, tiene un camino propio y, por más puertas que cierren, siempre encontrará una rendija por donde escapar. Y aunque el mundo la rechace, aunque la acuse de ser inoportuna, su voz sigue siendo una, entre tantas, que se niega a ser ignorada. Porque en la quietud de la exclusión, se forja una nueva forma de existencia, una existencia que no depende de ser aceptada, sino de ser fiel a su propia verdad. Así, la voz bastarda, la que nadie quiere oír, continúa su lucha, aún en el exilio. Y aunque no siempre será escuchada, siempre será la que diga lo que otros no pueden ni se atreven a pronunciar.
 

 

LaTE-EnsoñArte-CoCrear. Es Hoy (12/03). Dra. Cristina Jarque (+1).

En el seminario 14 titulado La lógica del fantasma, el capítulo "Del pensamiento a lo impensable" (clase del 18 de enero de 1967) se centra en la conexión entre el pensamiento y aquello que va más allá de nuestra capacidad de comprensión. Lacan explora cómo el fantasma, entendido como una construcción psíquica, opera en el sujeto como una estructura que organiza la realidad interna, pero que al mismo tiempo está fuera de lo racionalmente pensable. El fantasma no es simplemente un pensamiento, sino un acontecimiento que articula deseos y traumas no verbalizados, algo que escapa a la lógica del sujeto. A través de este proceso, Lacan nos invita a reflexionar sobre cómo la subjetividad se enfrenta a lo que no puede ser completamente integrado en el lenguaje o la conciencia, lo "impensable", y cómo esta confrontación puede generar una reorganización de la subjetividad.